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Fui a servirme el cereal como cualquier otro día, pero hoy fue diferente. Hoy caí en la cuenta de que llevaba una semana comiendo el mismo cereal de la misma manera, en la misma silla, en el mismo lado de la mesa, teniendo la misma vista; y hoy quise cambiar. Hoy quise que el mismo cereal, pudiera darme una sensación completamente diferente, de mayor satisfacción o disfrute.

Y de ahí nació toda una reflexión que me llevó a pensar en las cosas y acciones más pequeñas y cotidianas de la vida, pensar que si las hago de otra forma, pueden representar un cambio tan potente que se vea reflejado en la experiencia, la eficiencia, el fin o en el logro último, y que esto claramente lo puedo llevar a todos los ámbitos de mi vida, como el profesional, social, personal, etc.

Los humanos nacemos con una habilidad innata para crear, imaginar, construir cosas nuevas, pero tristemente en muchas ocasiones vamos perdiendo esa capacidad por las limitaciones o los modelos que nos imponen, desde nuestras familias y amigos, hasta el trabajo y la sociedad. Sin embargo, nunca es tarde para recuperarla, para fomentar pensamientos disruptivos que logren crear o potenciar cosas ya existentes.

La innovación no se trata solo de tener nuevas ideas muy alocadas, o de llegar a inventos como el fuego o la electricidad, se trata de generar valor. Como en algún momento lo afirmó Steve Jobs: “La innovación ocurre cuando se descubren conexiones en el presente y se condensan en nuevas ideas a futuro”, esta se entiende como un proceso que permite materializar y llevar a la práctica esas ideas a las que llegamos por medio de la creatividad.

La innovación se convierte en una herramienta indispensable en cualquier área del conocimiento y de la vida; desde encontrar la solución a un código que esté mal ejecutado, hasta desarrollar una campaña publicitaria que se transforme en ventas, desde liderar todo un equipo hasta hacer el trabajo individual.

Entendí que con cosas que se pueden ver tan simples, puedo tomar decisiones y llevar a cabo procesos innovadores en todo lo que me proponga. La clave es la atención en el presente, en los detalles, en las necesidades propias y ajenas; y con esto, lograr detectar problemas que nadie más ve y hacer algo diferente al respecto, pues la innovación no es un fin en sí mismo, sino el medio para dar soluciones.

Dándome la posibilidad de sentir, experimentar, conocer, aprender, hacer y disfrutar cosas nuevas o simplemente de maneras diferentes, abro mi mente a un inmenso mundo de posibilidades. Desde que me apersoné de la innovación en cada una de las cosas que hago en mi vida, no hay un día en el que repita la forma en la que me como mi cereal, por más mínima que sea la diferencia, y esto lo llevo a todo lo que hago.

¿Y tú, cómo innovas en tu día a día?

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