3 Agosto 2026
Me serví el cereal como cualquier otro día… hasta que me di cuenta de algo: llevaba una semana repitiendo exactamente el mismo ritual. El mismo cereal, la misma silla, el mismo lado de la mesa, la misma vista. Y pensé: ¿qué pasaría si cambio una sola cosa?
Ese día lo hice. Y la sensación fue distinta: no porque el cereal fuera mejor, sino porque yo estaba viviendo la experiencia de otra manera.
Ahí entendí una idea que parece pequeña, pero es poderosa: la innovación puede empezar con cambios mínimos en lo cotidiano.