Doña Olga llegó a Emvarias hace más de 20 años sin saber que se convertiría en su mayor fuente de conocimientos y experiencias. Para los que no lo saben, Emvarias – filial del Grupo EPM, es la empresa encargada de la recolección y gestión de residuos sólidos en Medellín – Colombia, y es allí donde doña Olga empezó como escobita, que es como tiernamente se le dice a las personas encargadas de barrer las calles de la ciudad; luego cambió de cargo y pasó a las oficinas como auxiliar operativa 1, siendo la encargada del aseo de este lugar; para después llegar a su cargo actual en el área de clasificación de residuos. Hoy se siente cada día más a gusto e identificada con la labor que realiza, sin hablar del maravilloso equipo de trabajo con el que cuenta.

Ella es una inspiración dentro y fuera de su empresa, siempre mantiene la firme convicción que lo único que se necesita para trabajar es espíritu, y eso es lo que entrega en su día a día. Es una ciudadana apasionada por lo que hace en todas sus facetas, vive con su madre a la que llama su bebé grande, la cuida y la mima cada día; y también le imprime gran esmero a su trabajo en la Estación de Clasificación y Aprovechamiento – ECA, donde se encarga de supervisar la correcta separación de material aprovechable.

Este lugar es una instalación técnicamente diseñada con criterios de ingeniería y eficiencia económica, en la cual se dedican al pesaje y clasificación de los residuos sólidos aprovechables, mediante procesos manuales, mecánicos y mixtos. Con esta iniciativa se busca el mayor provecho de todo el material reciclable y aporta, entre muchas otras cosas, a la reducción de cantidad de residuos aprovechables que terminan en el relleno sanitario o en las calles, así como a disminuir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero y mejorar de condiciones de habitantes de calle, a quienes se les da la oportunidad de trabajar como recolectores en la empresa y resocializarse.

Para doña Olga su trabajo “es alucinante e inspirador”, haber adquirido tanto conocimiento sobre la separación y correcta recolección de materiales y saber todo lo que le está aportando al medio ambiente, la llenan de esperanza. Es muy consciente de que el lugar donde trabaja se creó por la necesidad de contar con una infraestructura adecuada para que personas o entidades pudieran hacer el ejercicio del aprovechamiento, y está en lo cierto, todos deberíamos tener ya este hábito interiorizado y adaptar nuestras ciudades para ello; y es por eso que se siente tan orgullosa de su empleo, donde en un comienzo se recolectaban alrededor de 400 kilos mensuales de reciclaje, y ahora llegan a las 97 toneladas.

Ella ve cómo a su lugar de trabajo llega papel, cartón, plástico, latas de alimentos y elementos de vidrio; luego de la clasificación, este material se reintroduce de nuevo a los ciclos productivos, siendo así coherentes con el cuidado del medio ambiente y aportando a la economía circular, que es una estrategia cuyo objetivo es reducir tanto desde la producción, la entrada de materiales vírgenes y desde el consumo la disminución de desechos y el mayor porcentaje de reciclaje, cerrando así los flujos económicos y ecológicos de los recursos.

Sin embargo, doña Olga también es muy reiterativa en mencionar los desaciertos de las personas, que a veces no son conscientes de que ese material que desechan será manipulado por otro ser humano, por lo que insiste en corregir el gravísimo error que es depositar material biológico, principalmente agujas y a veces hasta el papel higiénico, en el material aprovechable; pues son residuos altamente contaminados con los que no se debería tener ningún tipo de contacto. Por otro lado, resalta la importancia de no enviar a aprovechamiento los recipientes llenos de comida.

Ella siempre nos recuerda que a pesar de ser muy importante su labor clasificando residuos, este es un compromiso de todos. Y siendo consecuente con ello, ha llevado estos aprendizajes a su cotidianidad, en su casa separa los materiales como aprendió a hacerlo en Emvarias y sabe que hay cosas que no se tocan porque son para reciclar; también le ha transmitido a su familia y amigos todo su conocimiento adquirido en capacitaciones y experiencias, y ellos ya lo ponen en práctica en sus casas. ¡Es toda una embajadora del cuidado del ambiente!

En medio de risas, doña Olga recuerda que cualquier familiar o amigo que tiene alguna duda sobre procesos de recolección o reciclaje, inmediatamente acude a ella, sus allegados a veces sienten que sus preguntas son pequeñeces debido a todo el proceso, recorrido y experiencia que lleva en el tema; sin embargo, para ella cualquier consejo es una gran contribución, porque desde las cotidianidades se aporta a una ciudad más sostenible, segura y bella.

Doña Olga se llena el corazón diciendo: “trabajar aquí ha sido lo máximo, yo no tengo rodillas para darle gracias a Dios, yo amo esta empresa, todo lo que tengo y lo que he aprendido ha sido siendo parte de ella”. Cada día vive un nuevo aprendizaje, reafirmando que el llevar una vida en torno al reciclaje le ha permitido mejorar su calidad de vida y la de los que la rodean, al poder generar gran conciencia en ellos.

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