¿Huella de carbono? y ¿yo cómo genero una huella si no hago nada fuera de lo común? Últimamente todos hablamos del cuidado del medio ambiente, de ser ecológicos, sostenibles, buscarle el sello verde a todo lo que compramos, pero yo no terminaba de entender cómo era que yo desde mis cotidianidades estaba afectando el medio ambiente.

Lo primero por aclarar era eso de la huella de carbono, que en resumen es el indicador ambiental que me permite identificar qué tantos gases de efecto invernadero estoy generando con mis actividades diarias. Me puse en la tarea de investigar mucho más sobre el tema, encontré demasiada información, algunas cosas me sorprendían; otras ya las había escuchado, pero siempre las dejaba de lado. Con todo el conocimiento que fui adquiriendo dejé de ver tan lejana la posibilidad de disminuir mi huella de carbono.

Yo no tengo nombre, porque podría ser el tuyo, el de tu amiga o el de cualquiera, te pido que te transportes por unos minutos y que mientras me lees imagines cómo cambiarían tus dinámicas si llevas a cabo cada una de las acciones que te contaré a continuación. Entiende, como yo, que no necesitamos cambiar el mundo, que con pequeños actos desde nuestra cotidianidad podemos generar repercusiones monumentales en el medio ambiente, que, con esto, nuestra vida realmente cambiará.

Mi primer acto revolucionario, que mis amigos no podían creer, fue la venta de mi carro, no tenía un auto muy lujoso, pero era mi automóvil, comprado con el esfuerzo de mi trabajo, sin embargo, su venta no me dolió, con una parte del dinero que recibí me compré una bicicleta, pero como bien ando en el proceso de aprendizaje de reducción de mi huella de carbono, todas sus partes eran de segunda, yo la armé a mi gusto, me quedó hermosa y todo era reutilizado, fui feliz con esa decisión. Ahora voy a todas partes en mi bici, ella es mi compañera, mi estado físico mejoró muchísimo, ya no sufro por trancones y mi CO2 por transporte es cero.

Luego siguieron los cambios en mi dieta, claro que antes consulté a mi médico, que también es muy importante porque el primer lugar que habito es mi cuerpo y también debo cuidar de él. Para comenzar dejé de comer tanta carne y de comprar mis alimentos en supermercados de cadena, nunca llegué a imaginar todo lo que puede influir la compra de un alimento traído de lejos, todo el transporte puede generar hasta tres veces el peso del producto en CO2. Así que comencé a comprar solo en mercados locales, al igual que intento disminuir al máximo la compra de alimentos con empaques de plástico.

Mis rutinas también cambiaron radicalmente, ahora adicional de las compras locales que hago, también tengo mi propia huerta con plantas aromáticas y especias, tengo un espacio de mi casa destinado a la producción del compost, así que la basura que produzco también disminuyó, ya que todos los desechos orgánicos se van como nutrientes para la tierra de mi huerta.

En mi hogar desaparecieron en un 90% las bolsas plásticas, ahora la mayoría son de tela o reutilizables, todos los bombillos son ahorradores, desinstalé el calentador y ahora tengo deliciosos baños con agua fría que me ayudan a la disminución de mi CO2 y también a la circulación de mi cuerpo. La lavadora solo la utilizo cuando está llena y, por último, dejé de botar las cosas y de comprar otras nuevas, ahora reutilizo más que nunca, mi ropa es de segunda mano en muy buen estado y hermosa, los muebles que se me dañan los vuelvo a tapizar o creativamente los convierto en algo igualmente útil para mi casa.

Llevo cinco meses en este proceso y aunque no ha sido tan fácil, tampoco es imposible concientizarnos de que cada acción cuenta, y que, si empezamos ya, más pronto podremos notar los cambios, está en nuestras manos cambiar el planeta, solo debemos entender que esto sí se logra desde las más pequeñas acciones.

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