¿Sabías que cerca de 220.000 personas mueren al año en América Latina por la contaminación del aire, terrible, verdad? el tráfico vehicular ha incrementado exponencialmente, transformándose en la principal fuente de contaminación, las fuentes móviles como camiones, volquetas, motos, buses y taxis representan aproximadamente el 80% de la contaminación del aire y el 20% restante, viene de fuentes fijas como chimeneas, industrias, quemas y minería. ¿qué estamos haciendo para mitigar los efectos de la contaminación y evitar que aumenten?

En los últimos años varias de las ciudades principales de países como México, Chile,  Perú, Brasil, Argentina y Colombia han reportado en sus estaciones de medición de calidad del aire un nivel naranja, es decir, que es dañino para personas sensibles como niños, niñas, ancianos, ancianas y mujeres en embarazo. A veces no nos percatamos de las repercusiones que estos niveles pueden tener en nuestra vida diaria, aunque ya lo hacemos tan automático que no nos damos cuenta, cada día respiramos entre 17.000 y 23.000 veces, y en cada una de ellas estamos tomando aire para recibir el oxígeno que necesita nuestro cuerpo para funcionar; si este aire, que puede llegar a transportar material muy peligroso para el cuerpo como metales pesados, compuestos orgánicos y virus, es lo que estamos respirando a diario, estamos afectando nuestras vías respiratorias, convirtiéndose esto sin duda alguna, en uno de los retos más importantes de salud en el mundo. En el 2014, según la Organización Mundial de la Salud, el 92% de la población mundial vivía en lugares donde no se respetaban las directrices sobre la calidad del aire, ahora se están viendo las consecuencias, así que este es, literalmente, un asunto de vida o muerte.

Es necesario tomar conciencia de nuestras acciones cotidianas, innovar, ser responsables con el entorno y con nosotros mismos; necesitamos tomar decisiones contundentes para lograr un cambio o al menos evitar que se intensifiquen estas anomalías ambientales. Podemos aportar a la calidad del aire con nuestros actos cotidianos, un ejemplo de ello es el asumir con consciencia plena el consumo responsable, que se traduce en comprar más local, ser conscientes de las repercusiones ambientales que tiene cualquier producto, evitar que sean tóxicos, buscar principalmente aquellos ecológicos y prolongar lo más que podamos su vida útil; por otro lado, está la movilidad sostenible, desplazarse caminando, en bicicleta o en cualquier medio de transporte no contaminante (encuentra aquí algunos ejemplos), hacer uso del transporte público y compartir el transporte particular.

Hay otras acciones que quizá no asocies de inmediato a la calidad del aire, pero que dependiendo de cómo las hagas también aportan a la disminución o aumento de la contaminación del aire. El ahorro de energía en nuestros hogares significa menos impacto ambiental ¡imagina todo lo que hay que hacer para que la energía llegue hasta tu casa!, para lograr el ahorro un primer paso es adquirir aparatos teniendo en cuenta su criterio de eficiencia energética y un segundo paso, que requiere mucho más compromiso, es evitar el derroche; hablemos también de disminuir los residuos que generamos, es importante utilizar los sistemas de recogida selectiva e incorporar los criterios de prevención de residuos desde la adquisición de cualquier producto, ya que la quema de residuos a cielo abierto y los desechos orgánicos en los vertederos liberan a la atmósfera dioxinas altamente nocivas; y por último, evitar la deforestación e incentivar la siembra de árboles, estos absorben los olores y gases contaminantes, filtrando las partículas, atrapándolas en sus hojas y corteza, limpiando así el aire.

Estas acciones están vinculadas a nuestra manera de vivir y a nuestros hábitos. Plantearnos estas alternativas ya no es una simple recomendación, se ha convertido en una necesidad. Y tú, ¿cómo aportas a la calidad del aire?

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